Hola,

«Entretanto, McMurphy ríe. Con el cuerpo cada vez más inclinado sobre el techo del camarote, deja que sus carcajadas se propaguen sobre el mar: se ríe de la chica, de los muchachos, de George, de mí con mi dedo ensangrentado en la boca, del capitán que se ha quedado en el muelle y del tipo de la bicicleta y de los empleados de la gasolinera y de las cinco mil casas y de la Gran Enfermera, de todo, en fin. Porque sabe que es preciso reírse de las cosas para mantener el equilibrio, para impedir que el mundo acabe enloqueciéndote»

En la década de los 60, un tipo llamado Ken Kesey se presentó voluntario como cobaya humano en un proyecto gubernamental estadounidense sobre drogas. Dicho proyecto se llevó a cabo en la sección de psiquiatría de un hospital de veteranos de Palo Alto, y Ken Kesey decidió matar dos pájaros de un tiro y aprovechar su estancia para trabajar allí como vigilante. De dicha estancia, y bajo los efectos del consumo de LSD, escribió su primera novela, Alguien voló sobre el nido del cuco, que fue posteriormente adaptada al cine y ganó cinco Oscars. Y aunque en líneas generales la novela y el libro parten de una misma base común, la forma de narrar la historia difiere totalmente.

Como muchos sabréis, la película está narrada a través de un personaje que finge su locura para ser ingresado en el hospital y salir de la cárcel en la que cumple condena, y todo se ve a través de sus ojos cuerdos; sin embargo, la novela está narrada de muy diferente manera: porque todo, absolutamente todo, se ve a través de los ojos del demente Jefe Bromden, apodado jocundamente por el personal hospitalario como "Jefe Escoba". Y es que el Jefe Bromden es un enorme indio, hijo del jefe de una tribu india que fue desposeída de sus tierras y de su modo de vida, héroe de la guerra de Corea, que lleva tanto tiempo sin hablar ni comunicarse con ningún ser vivo que todos piensan que es sordomudo además de loco. Sin embargo, Bromden no lo es en absoluto.

El jefe indio se limita a barrer el suelo y a ver pasar los días, y a sentirse cada vez más pequeño e insignificante, hasta que un día es ingresado en el centro un ex-presidiario, Randle Patrick McMurphy, lleno de energía y de vida y de ganas de luchar. McMurphy se ha fingido loco para escapar de su reclusión en la cárcel, y viene con ganas de pelea. No obstante, sabe que debe andarse con cuidado, ya que mientras en presidio tu fecha de salida está programada de antemano, en un hospital psiquiátrico no te dan el alta hasta que el personal considera que estás curado. Y eso puede que no suceda nunca, porque aunque haya psiquiatras en el hospital, quien lleva las riendas es la señorita Ratched, a quien todos llaman la Gran Enfermera. Esta mujer es una enfermera venida de un hospital militar, y que lleva el tratamiento de sus pacientes de forma inhumana y con mano de hierro.

Aunque McMurphy sabe que tiene las de perder, algo le empuja a luchar contra esa mujer y su manera de humillar y hundir psicológica y físicamente a los ingresados; y todo ello aun a pesar de saber que es muy duro y difícil vencer a quien tiene la sartén por el mango. En ese sentido, el personaje de la novela es mil veces más heroico que el personaje interpretado en el cine por Jack Nicholson. Y por supuesto, la evolución de todos los personajes, especialmente del personaje central el Jefe Bromden, es mil veces más interesante que las evoluciones de la película.

A quien no haya visto la película, le recomiendo que la vea. Pero creo que perderse la novela es perderse una historia preciosa, narrada desde un punto de vista mucho más arriesgado y atractivo que el que se emplea en dicha película.

Un besote